sábado, 10 de marzo de 2012

Bolívar, ópera de Darius Milhaud - Segunda Parte

Estatua ecuestre del Libertador Simón Bolívar en el centro de la plaza  Bólivar de Caracas,  obra del escultor italiano Adamo Tadolini, inaugurada en 1874 
                                    Por Hugo Alvarez Pifano
Bolívar de Milhaud es la tercera ópera de una trilogía constituida por Christophe Colon (1928), el misterioso almirante; y Maximilien (1930), emperador de México, que al decir del eminente músico estadounidense Virgil Thomson, constituye un “monumento musical de incomparable grandeza”. Escribió también muchísimas más óperas: David, un encargo que recibió de Sergio Koussevitsky para el Festival del Rey David, en conmemoración de los 3000 años de la fundación del reino de Israel. Los textos literarios son el Segundo Libro de Samuel y El Libro de los Reyes. Fue estrenada en 1954, en Jerusalem, como una ópera en forma de concierto. Operas minutes, tres óperas de cámara de ocho minutos de duración cada una: L’enlevament.d`Europe; L`abandon d’ Ariane; y, La deliverance de Thésée; Orestía, trilogía de óperas basada en la obra de Esquilo, según traducción de Paúl Claudel; Le pauvre Matelot, basada en un libreto de Jean Cocteau, en la que sigue de cercas la Antigone de Sófocles. Su última ópera Saint Louis, escrita en 1971, fue puesta en escena en Río de Janeiro.
 
Jules Supervielle
3.- El drama teatral Bolívar de Jules Supervielle.


Jules Supervielle fue un escritor y poeta nacido el 16 de Enero de 1884 en Montevideo, en el seno de una familia integrada por un padre francés y una madre vasca, se traslado a  Paris en 1894. Adoptó el francés como lengua literaria, pero conservó los colores, el paisaje y la luz de su Uruguay nativo, que siempre recordó en su poesía, murió en Paris, el 17 mayo 1960. Supervielle constituye junto a Jules Laforgue e Isidore Duccase, mejor conocido como Conde de Lautréamont, la trilogía de poetas uruguayos que utilizaron el francés como medio de expresión literaria. Es considerado como uno de los grandes poetas de lengua francesa del Siglo XX. Cultivó también el llamado “teatro biográfico” y a este género pertenece su drama Bolívar, tomado por Darius Milhaud como libreto para su ópera.
Maurice Escande
Gisèle Casadesu
 El poeta publicó el folleto "Bolivar et les femmes (Paris: 1930)basado en las Memorias de Peru de La Croix, libros del escritor colombiano Cornelio Hispano (seudónimo) y el peruano Ricardo Palma. En marzo de 1936, se monta la obra teatral "Bolivar" en la Comedia Francesa con ballets de Serge Lifar y música de Darius Milhaud, con los actores Maurice Escande (1892-1973) como Bolivar y Gisèle Casadesus (1914-) como Maria Teresa. La obra no tuvo éxito. Ese mismo año Gallimard publicó la obra teatral (ver reproduccion de la portada). En mayo de 1950, Darius Milhaud presenta su obra en la Opera de Paris. En 1955 se reedita la pieza teatral y se repone la ópera. Pero dejemos que sea el mismo Milhaud, quien a través de sus propias
palabras nos haga llegar sus consideraciones para esta escogencia.
Portada de la Revista LIFE  1949
“Buscaba desde hacía mucho tiempo un tema para una ópera. Un problema difícil. El argumento del libreto es espinoso. Se necesita, por una parte, encontrar una obra literaria que se preste a desarrollos musicales y por la otra, que tenga cualidades de acción, de movimiento, de variedad. Y efectivamente, el Bolívar de Supervielle me pareció que contenía todos estos elementos y ofrecía además la ventaja, de permitirme colaborar nuevamente con un poeta cuya obra siempre me había conmovido profundamente. Se bien que a menudo, algunos libretos se distancian demasiado de las obras en las que se basaron; las de Verdi, por ejemplo, inspiradas en Shakespeare, sin mencionar el Fausto de Gounod. Estas óperas no guardan mucha relación con las obras originales. En Bolívar, por el contrario, se encuentra la posibilidad de conservar el texto de Supervielle, a pesar de algunas modificaciones, las que una obra destinada a la música conlleva siempre. Es además muy feliz el hecho de que el lenguaje de Supervielle esté siempre cargado de una autentica y profunda poesía” (2).
Los Esposos Milhaud, 1950
Esas pequeñas modificaciones de que habla Milhaud, que se hicieron necesarias para adaptar el texto literario a los desarrollos musicales, las llevó a cabo Madeleine Madeleine Milhaud (1902-2008), la esposa del compositor, quien también escribió los libretos de Médée y de La Mère coupable, fue su tercera colaboradora en esta ópera, al lado de Supervielle y de Léger.

4.- Los decorados de Fernand Léger.

Fernand Leger frente a su retrato  hecho por Alexandre Calder
Milhaud también nos explica la selección de Léger en los siguientes términos: “Desde que el proyecto ha tomado cuerpo, he aprovechado la estadía en Estados Unidos de Fernand Léger (1881-1955) para hablarle de este espectáculo. Nadie me parecía más indicado que él para realizar las maquetas y los decorados. En efecto, su arte robusto y sano estaba no solamente destinado a sostener este edificio lírico, sino a darle también un soplo de frescura popular, que no podría causar otro efecto que aquel de intensificar la vida” (3). Así ocurrió efectivamente, Léger era para la época uno de los más reconocidos pintores franceses que se dedicaba al diseño de decorados para el teatro, así mismo, era notable por sus propósitos de realizar una pintura popular y de preocupaciones sociales. Un pintor, como anillo al dedo para una ópera sobre Bolívar.

Estudio del  Decorado del I Acto  Bolívar
Léger odiaba la tristeza, en cualquier forma que esta se manifestase y siempre huía de los ambientes cerrados, para liberar su creación en los espacios abiertos del paisaje urbano. El pintaba escenarios tapizados de edificios multicolores de las grandes ciudades y los techos rojos con el humo ondulado que sale de negras chimeneas. Retoma en sus obras la referencia geométrica de los conos y los cilindros, muy propia de los pintores cubistas. En 1940, la guerra lo conduce al exilio y viaja a los Estados Unidos de América. En
Boceto para el II Acto, el Paso de Los Andes 1949
1943 se asocia a Darius Milhaud para la realización de la maqueta y los decorados de la ópera Bolívar. Más tarde, retorna a Francia y en 1945, cuando se afilia al Partido Comunista, selecciona como temas preferidos para sus pinturas a los trabajadores de las clases populares. En 1948, colabora con Sergey Prokofiev en la realización de los decorados de su ballet Le pas d’acier. Se cuenta, que como un fin digno de aquel hombre que detestaba la tristeza, el día de su muerte, el coche fúnebre que lo condujo a su última morada, marchó completamente cubierto de flores frescas, procedentes de los jardines de todos sus vecinos. 
Telón de fondo de la Ópera Bolívar por Leger, 1950

El primer contacto trascendente con nuestro país lo realiza Léger en 1949,
cuando el célebre compositor Darius Milhaud le confía la misión de diseñar las
decoraciones para su ópera Bolívar (con texto de Jules Supervielle). Léger tenía para aquel entonces una cierta experiencia como decorador teatral, después de crear ciertos vestuarios y decorados notables, como los realizados para Skating Rink (ballet sueco de Rolf de Maré, con música de Arthur Honegger, presentado en París el 20 de enero de 1922), para La Création du Monde (ballet con música de Darius Millhaud, presentado el 25 de octubre de 1923) y para David triomphant (ballet de Serge Lifar, presentado el 15 de diciembre de 1936 en la Cité Universitaire de París, y repuesto el 26 de mayo de 1937 en el Teatro de la Opera de la misma ciudad). Los realizados para el Bolívar son precisamente los últimos decorados teatrales diseñados por Léger. Ellos manifiestan esa rara conjugación de realismo y abstracción característica de algunas obras de último decenio de la producción legeriana: como se aprecia en el telón de fondo (con la efigie de Bolívar) o en el decorado de las escenas I y II del Acto II (con el curioso paisaje criollo que enmarca la imaginaria arquitectura colonial), el abstracto esquema cromático de anchas e informes playas de colores puros se superpone arbitrariamente sobre un dibujo fundamentalmente realista. En todo caso, el fluido tratamiento gráficocromático de las decoraciones de Bolívar contrasta poderosamente con la rígida geometrización cubista evidenciada en los diseños para el Skating Rink y para la Création du Monde.

Sobre esta realización legeriana afirma André Verdet: "Para Bolívar, ópera de
Boceto para el Ballet de las Viudas II Acto
Darius Milhaud y Jules Supervielle, Léger realizó en 1949 el escenario de fondo y las escenas episódicas, valiéndose de ese procedimiento del 'color tratado como elemento aparte'. Fue una tarea difícil, en la que se aplicaron todos los recursos técnicos propios de la ópera: movimiento de los elementos de la escena; policromía de las banderas de los Estados sudamericanos,
transformaciones debidas a las luces coloridas (sic) proyectadas por los focos".
Boceto para final del II Acto
Puede que tenga razón Raymond Cogniat al afirmar que "sean cuales fueren sus méritos, las decoraciones de Bolívar no son, dentro de la totalidad de la producción, una parte tan importante como lo habían sido las hechas para los ballets (Skating Rink, La Creation du Monde, y David triomphant: NdR)". Pero, independientemente de lo acertada que pueda resultar esta subjetiva apreciación de R. Cogniat, lo cierto es que Léger se consagró a la realización de esta obra como un entusiasmo de neófito, tal como se desprende de las instructivas y genuinas declaraciones del propio compositor de la ópera, Darius Milhaud (quien, por lo demás, había compartido con Léger, con Henri Focillon y con André Maurois la enseñanza en la Yale University, durante el exilio de todos ellos en Estados Unidos): "Yo pensaba -escribe Darius Milhaud- que las nuevas obras pictóricas de Léger tenían un tremendo poder. Yo había finalizado (la ópera) Bolívar que él hiciese los diseños (de las decoraciones) para aquélla. Lleno de optimismo él pensó que obtendríamos un subsidio de Venezuela. Se reunió con numerosos representantes del gobierno norteamericano que tenían influencia en Sud-América; pero los países ricos no emplean mucho dinero en el arte, y para producir una ópera de este género es necesaria una fuerte suma. Bolívar fue finalmente representada en una Francia arruinada por la guerra, en el Palacio de la Opera de París, en las mejores circunstancias y con soberbias decoraciones de Fernand Léger". Después de este acercamiento tangencial a la realidad venezolana por intermedio del teatro, los dos vectores principales que abren definitivamente la entrada de Léger en Venezuela lo constituyen su amistad con Sofía Imber y, por otro lado, su estrecha relación con el arquitecto Carlos Raúl Villanueva con ocasión de la contribución de aquél a la decoración de la Ciudad Universitaria de Caracas(4).

5.- La Coreografía original de  Serge Lifar.

Sege Lifar
Serge Lifar (ucraniano: Сергій Михайлович Лифар, Serhiy Mykhaylovych Lyfar) (Kiev, 2 de abril de 1904 - Lausanna, 15 de diciembre de 1986) fue uno de los más famosos y grandes bailarines de ballet y coreógrafos del siglo XX, de origen ucraniano.
De inicios poco prometedores, Serge Lifar saltó a las filas de los principales bailarines de ballet y de los coreógrafos internacionales del siglo XX. Considerado a menudo, sin embargo, como un coreógrafo derivativo y bailarín menos-que-estelar por muchos de sus detractores, demostró el talento que poseyó en una carrera que sobrepasó toda competencia.
Ferozmente ambicioso, con una habilidad que buscaba explotar cada oportunidad que venía a su camino, utilizó sus extraordinarias miradas y su carismática personalidad para atraer la atención de poderosos partidarios tales como Sergéi Diágilev, Misia Sert y Coco Chanel.
Después de la muerte de Diágilev en agosto de 1929, con los Ballets Rusos en desorden, Lifar no estaba para perder tanto tiempo. Jacques Rouché del Ballet de la Ópera de París lo invitó a estelarizar una producción en la tradición de Diágilev que fue coreografiada por Balanchine.
Lifar y Tamara Karsavina en "Romeo y Julieta"
Como la suerte lo dispuso, Balanchine, enfermo de tuberculosis, tuvo que retirarse del proyecto. Avanzando para ocupar los pies de Balanchine, Lifar se estableció a sí mismo con autoridad como coreógrafo y bailarín estrella en la premier de Prométhée (coreografiado sobre música de Beethoven). Pronto fue contratado como maestro y director del ballet en el Ballet de la Ópera de París, donde permaneció en el cargo, con una significativa interrupción, hasta 1957.
Durante su ocupación en la ópera de París, Lifar fue responsable de revivir el ballet en 1929, continuando la tradición de Diágilev con las producciones clásicas de los Ballets Rusos, desarrollando una fuerte presencia entre los bailarines masculinos, y empleando a renombrados coreógrafos tales como Balanchine, Massine y Frederick Ashton.
Obviamente marcada por la tendencia del ballet Ruso, la coreografía de Lifar posee la expresión y fuerza de la danza por la danza sobre la música y el decorado, evitando la pantomima, en el sentido más sublime de la danza neoclásica, como espectáculo herencia de su mentor Sergéi Diágilev. El término lo proponía por primera vez Serge Lifar en 1949 en su Traité de la Danse Academique para definir la reforma del movimiento y de la técnica de la danza que estaba llevando a cabo. Lifar habla de enriquecer la técnica clásica y alaba la resolución de Isadora Duncan por haberse lanzado en contra de una danza “antinatural y petrificada” aunque lamenta la carencia de base técnica de esta porque para Serge Lifar “Si el culto excesivo de la técnica provoca la ruina del arte, no puede haber arte sin técnica”. 
Lifar en 1957
Pocos años después comenzó a aparecer el término en la prensa francesa generalizándose más tarde al resto de países para designar un estilo propio que sin alejarse de los preceptos básicos de la danza clásica parecía gozar de autonomía propia.
La danza neoclásica, hemos dicho, adopta fórmulas diversas a partir de los cincuenta, desde las posturas más refinadas como las de Lifar, Asthon, Tudor, Mac Millan, hasta las más atrevidas de Cranko, abstractas de Balanchine y expresiva de Robbins pasando por el eclecticismo de Béjart, Petit, hasta las más radicales y sincréticas de Neumeier, Forsythe, Kylián y quizás Mats Ek o van Manen que podrían situarse en el límite de lo que pudiéramos identificar como inequívocamente neoclásico. Sin duda la coreografía de las suites de la Ópera Bolívar de Lifar estan caracterizadas por esta tendencia de "actualizar" lo clásico muy propio de este estilo y que se apega al  otro gran aporte de la danza neoclásica como lo es la temática: el uso de textos narrativos donde se incluyen los problemas del hombre moderno, revisión del repertorio clásico hasta los ballets más abstractos sin argumento, minimalistas e intimistas. Identificamos estas tendencias por la condición fundamental de estar en continuo proceso de reelaboración del lenguaje clásico lo que lleva implícito la búsqueda de nuevas formas. Desparece la rígida jerarquía impuesta por Petipa. No hay danzas para solistas, es el conjunto lo que cuenta.


Portada del programa de mano de 1983
6.- Antecedentes del montaje de Bolívar por la Ópera Metropolitana de Caracas (OMAC).
Todas las óperas realizadas como un homenaje al Libertador Simón Bolívar, nunca antes habían sido montadas en Venezuela, hasta que la OMAC llevó a cabo esta tarea durante los meses de mayo y junio de 1983.
La primera ópera Bolívar fue escrita por Andrés Delgado Pardo (1870-1940), un excelente músico que por alguna razón desconocida, se le ha mantenido al margen de los venezolanos que ocupan posiciones destacadas en la historia de la música en este país. Esta actitud causa sorpresa, porque se trata de un músico de sólida formación académica, con una precocidad y talento fuera de lo común, de exitosa trayectoria en Venezuela y al extranjero, pianista con fama de virtuoso y, como si fuera poco, autor de una consistente obra en la ópera, la música sinfónica, de cámara, religiosa y popular.
Escribió, como hemos dicho, la ópera Simón Bolívar, a la que llama “episodio lírico en tres actos”, con libreto de Heraclio Martín de La Guardia, adaptado por Fernando Arroyo Poleo. Se trata de una obra de complejidad formal, escrita para una soprano, 4 tenores, 3 barítonos, 3 bajos, coro y orquesta, que a lo largo de los años sufrió ajustes y reelaboraciones. Nunca fue montada, salvo la “Plegaria”, una parte de la misma que se ofreció al público de una velada en el Teatro Juáres de Barquisimeto (sic.), en 1938 (4).

Hélène Bouvier, mezzo
La segunda fue el Bolívar de Darius Milhaud, que en esta ocasión nos ocupa y conforme hemos señalado fue escrito en 1943 y estrenado por la Ópera de París el 12 de mayo de 1950. Ópera en tres actos y diez escenas, tiene así mismo, 4 suites de ballet y 6 interludios. Con libreto basado en el drama homónimo de Jules Supervielle y adaptado a los desarrollos musicales por Madeleine Milhaud.
Janine Micheau, soprano

Roger Bourdin, barítono
El elenco original estaba  integrado por destacadas figuras  del canto
Henri Medus, bajo
lirico: la soprano Janine Micheau (1914-1976) como Manuela, el barítono Roger Bourdin (1900-1973) como Bolívar, el bajo profundo Henri Medus (1904-1985) como Boves, Pierre Froumenty, la mezzo-soprano Hélène Bouvier (1905-1978) como Precipitación, el tenor Jean Giraudeau (1916- ) como Nicanor, la mezzo-soprano Marcelle Croisier, Charles-Paul, la mezzo-soprano Inés Chabal, el barítono Michel Roux (1924-1998) y  Gisèle Desmoutiers. Curiosamente casi todos provenian de la Opéra-Comique de Paris.
André Cluytens
La Dirección musical estuvó a cargo de André Cluytens (1905-1967).  Posteriormente, fue presentado con el mismo elenco de la premier en el teatro San Carlos de Nápoles, el 25 de abril de 1953.

Thea Musgrave
La última fue el Simón Bolívar de Thea Musgrave, compositora estadounidense nacida en Escocia en 1928. Ópera en dos actos, con libreto de la autora, basado según sus propias palabras “en acontecimientos históricos y en las cartas del Libertador”. Estrenada el 20 de enero de 1995, en la Virginia Ópera de Norfolk, USA. Interpretes: Stephen Guggenheim, tenor (Bolívar); Amy Jonson, soprano (Manuela); Michael Lynn Galanter, tenor (Sucre): Douglas Nagel, barítono (Santander); Dirección: Peter Mark.
                                                                                                               (continuará la próxima semana)

Pinceladas iconográficas:

Telón de fondo de la Ópera Bolívar por Leger, 1950: Esta ilustración apareció en France-Illustration. Le monde illustrée. supplément théatral et littéraire. 22 juillet 1950. nº 63, 32 p., illus.

Notas
(2) Reflexiones de Darius Milhaud en ocasión del estreno de su ópera Bolívar, en París en 1950. Klassicaa Magazine. Miguel Patrón Marchand, Director, Uruguay. (www.klassicaa.com).

(3) Ibidem.
(4) Salvador, José María: Fernand Léger, Ensayo para la curaduria de la Exposición antológica de la obra legeriana, organizada por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, 1981.

(5) Alvarez Pifano, Hugo. El vals venezolano, historia y vida. Fundación Arts World Millenium, Caracas 2007, Pág. 321.

Fuente:  
http://www.literanova.net/blog7.php/bolivar-opera-de-darius-milhaud-segunda-parte

* Investigación complementaria sobre F. Léger y S. Lifar: Jhon Isaac Requena

miércoles, 29 de febrero de 2012

Bolívar, ópera de Darius Milhaud I Parte

APOTEOSIS DE BOLÍVAR  por Fernando Leal *
por Hugo Álvarez Pifano

1.- La obra musical y su acción.
Bolívar de Darius Milhaud es un canto a la libertad y al mismo tiempo, una manifestación de fe en el sueño de todos los hombres que, como El Libertador, lograron el rompimiento de las cadenas que esclavizan a los pueblos al poder y a la voluntad de un tirano. Milhaud escribió esta ópera durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943, cuando Francia se encontraba invadida por los ejércitos del nazismo y él, como judío francés, tenía tan solo la modesta condición de refugiado en los Estados Unidos de América, pero eso sí, como ser humano creía firmemente en la posibilidad de construir un futuro nuevo y esperanzador y como artista, poseía una extraordinaria capacidad para asomarse al mundo musical del Siglo XX, como un constructor de nuevas sonoridades, con gran sentido de la agudización del lenguaje armónico e instrumental. En pocas palabras, un músico innovador y convincente, poseedor de los instrumentos adecuados para escribir una magnífica ópera.

 BOLÍVAR por Carmelo Fernández
En esas circunstancias, Milhaud buscó entonces para su nueva ópera, una figura universal, el personaje que mejor encarnara a escala planetaria, los ideales que la France eternal (1) había una vez propuesto al mundo y ahora en estado de opresión, reclamaba para ella: libertad, justicia, igualdad y espíritu de lucha en favor de los derechos ciudadanos, especialmente de quienes habían sido marginados y sometidos a la condición de pobres y humillados. Este hombre no era otro, que Simón Bolívar.
Milhaud, en consecuencia, trabajó con interés para que su Bolívar cogiera el camino que lo llevaría a constituirse en la más grandiosa de todas sus óperas. En esa dirección, él puso al servicio de sus ideales patrióticos y de sus actitudes de músico carismático y siempre en comunicación directa con su público, lo mejor de sus cualidades y el talento que ofrecieron dos insignes colaboradores- Jules Supervielle, poeta y Fernand Léger, pintor cubista- en la realización del texto y los decorados de la más completa de todas las óperas de Milhaud.
La ópera Bolívar tiene un perfil característico: un lenguaje armónico politonal, producto de la forma en que Milhaud superpone, dentro de una tonalidad definida, diseños, giros, adornos y sobre todo acordes, construidos en tonos diferentes. Con esto crea diversas gradaciones de valor y realza distintos planos sonoros. Se trata de una música de consistencia y rigor intelectual, soberbiamente orquestada, donde se ofrece al escucha los más diversos y hasta contrapuestos desarrollos musicales.
Frases dolorosas que avanzan lentamente, hasta volcarse en una atmósfera de austera y patética belleza, como las que se refieren a la muerte de María Teresa o la agonía de Bolívar. Otras veces, frases escritas a vuelapluma, que desprenden una agradable sonoridad, resultado de una acertada combinación de elementos acústicos, la llamada eufonía. El idilio y la fugaz felicidad de Bolívar y su esposa. Pero, en otras ocasiones, saltan rápidamente al lado opuesto, a la atmósfera monocolor y hasta a la cacofonía. El paso de Los Andes, escena 3 del Acto II, donde en medio del rigor del páramo, nacen niños, mueren hombres y mujeres, en la empresa más ardua de la epopeya bolivariana. Así mismo, tienen lugar situaciones de ambiente pastoral, como al comienzo de la ópera, en la hacienda de San Mateo, propiedad de la familia Bolívar. Pero de improviso, suele ocurrir que irrumpe el medio urbano, caracterizado por una música estentórea y hasta ruda. Es el caso de la revuelta de los peones y el terremoto de 1812, en el mismo primer acto. La tenebrosa noche de los fusilamientos en Valencia.
Hay música sensual, como la confidente de los dúos amorosos entre Manuela y Bolívar, que se transforma después en austera, cuando nos traslada a una cruda realidad, reveladora del lado cínico, frío y muy cruento, de José Tomás Boves, el personaje oscuro de esta historia. A este respecto, nos referimos en el segundo acto, al cruel baile de las viudas en la ciudad de Valencia, impuesto a las mujeres de duelo, a quienes se les obligó a bailar con los oficiales españoles. Música de corte heroico, como el Himno de la libertad (Act. I), Himno a los soldados difuntos (Act. II), Himno a los soldados vivos (Act. II), Marcha de la libertad (Act. II), Bolívar rey (Act. III). Tienen también lugar la ternura y la violencia, como el escenario de la liberación de los esclavos, contrastado por la entrada de Boves (Acto II). Disfrutamos sin dudas de una música espiritual- el Aria y el Berceuse de Manuela, en los actos I y II, respectivamente- que nos toma de la mano y nos conduce inexorablemente a la solución final, que se expresa a través de una música terrena. La escena final de la delirante muerte de Bolívar.

 2.- Darius Milhaud, músico de los nuevos tiempos.

Darius Milhaud
Darius Milhaud fue un digno exponente del “esprit nouveau”, un compositor de envidiable facilidad para la creación musical y una fecundidad legendaria. Digamos, que en un rápido viaje de una hora en tren, era capaz de componer una Sonata de primavera. Un resfriado común y debía permanecer en cama dos días, ese era el tiempo suficiente para preparar cuatro piezas de música de cámara, sin hacer mención de alguna de sus “operas minutes”, que solía concebir durante un corto vuelo aéreo. Se decía de Milhaud, que apenas se publicaba un catálogo de sus obras, éste corría el riesgo de estar ya desactualizado. Un trabajador infatigable, como muy pocos, que tuvo el mérito de acumular en su haber, un riquísimo activo de composiciones de todo género: vocales, teatrales, óperas, ballet, música instrumental, sinfonías, conciertos, música de cámara y hasta música popular francesa.
Él formó parte, en la Francia posterior a la Primera Guerra Mundial, del llamado “Grupo de los seis”, músicos muy diversos en sus cualidades y en sus capacidades técnicas, pero con el denominador común de tener la voluntad de forjar una música nueva, alejada de las exquisitas resonancias del impresionismo, del cromatismo wagneriano, de la profundidad alemana, la “scholla” y de lo que llamaba la “gente aburrida” los valores del clasicismo. Ellos fueron: Darius Milhaud, Arthur Honegger, Francis Poulenc, Germaine Tailleferre, Georges Auric y Louis Durey. Fuera, quedaban Jean Cocteau, un líder del grupo en lo literario y Eric Satie, un precedente de innovación en el tratamiento de esa misma música de nuevo cuño. No hay duda que entre los seis, el más personal e interesante resultó ser Darius Milhaud.
Darius Milhaud posee una dualidad, por una parte es provenzal- nació en Aix en Provence en 1892, la naturaleza de esta región de Francia le confirió a su música la alegría, el color y la llenó de vida. Por el otro lado es israelita y ello representa el reverso de su música: el lado severo o religioso hebraico, que se pone a menudo de manifiesto en la ópera y en las tragedias. A esto debemos también sumar otras circunstancias para caracterizar su música. Él formó parte del ambiente literario parisino, liderado por Jean Cocteau, de aquí viene su pasión por el circo y el “music hall”, Le boeuf sur le toit, farsa de Cocteau (1919) y Le train bleu, ballet de Cocteau (1924). Vivió en Brasil en 1917 y muchas de sus obras tienen influencia de la música brasileña: L’homme e son decir (1919) es un ballet ambientado en la selva amazónica. Así mismo, La creation du monde (1923) es también un ballet sembrado de ritmos negroides. Finalmente, su música tiene a menudo influencia de los colores armónicos y el ritmo del jazz.
La gran novedad de Milhaud fue la música politonal, en sus dos variantes: vertical o armónica, y horizontal o contrapuntística. Como hemos explicado en precedencia, el politonalismo de Milhaud es producto de la forma en que superpone, dentro de una tonalidad definida, diseños, giros, adornos y sobre todo acordes, construidos en tonos diferentes. Sus reminiscencias de lo antiguo, fueron el uso de temas mitológicos y bíblicos y la forma en que algunas veces utiliza el coro en sus óperas, a la usanza del teatro griego, esto es: como un importante personaje, que narra la tragedia.

                                                    (continuará la próxima semana)

Pinceladas Iconograficas:


Tope: Mural “Apoteosis” de Fernando Leal- (México, 1896- id., 1964) Pintor y grabador mexicano. Nacido en la ciudad de México, Leal ingresó a la Escuela al Aire Libre de Pintura de Coyoacán a la edad de 20 años; entre sus compañeros estaban Gabriel Fernández Ledesma, Rafael Vera de Córdoba, Ramón Alva de la Canal y Fermín Revueltas. En 1922 se unió a los muralistas que luchaban por la creación de un arte público colectivo. Enseñó pintura en la Academia de San Carlos, y en 1927 fue designado director del Centro Popular de Pintura en Nonoalco, cuya misión fue hacer accesible el arte a las clases trabajadoras. Leal fue fundador del movimiento ¡30-30!, llamado así por los carabinas usadas en la revolución mexicana como muestra de solidaridad con las aspiraciones revolucionarias: "Somos trabajadores del arte esforzándonos por el progreso nacional". Colaboró con Diego Rivera, Jean Charlot, José Clemente Orozco, Ramón Alva de la Canal y David Alfaro Siqueiros en murales para la Escuela Nacional Preparatoria. Fue uno de los primeros artistas en utilizar los temas indígenas como sujeto de los murales a larga escala, realizando durante las siguientes tres décadas diversos de éstos como el del Anfiteatro Bolívar en la Escuela Nacional Preparatoria en 1930-1933, notable por sus escenas representativas de la vida de Simón Bolívar. En 1952 fue nombrado Secretario de Cultura e instituyó una campaña por los derechos de los artistas en 1959. Dejó incompleto un libro a su muerte en la Academia de San Carlos.

Medio: Litografía de "Bolívar" por Carmelo Fernández Páez (San José de Guama, Estado Yaracuy, Venezuela, 1809 – Caracas, 1887).Militar, dibujante, litógrafo y acuarelista. Con apoyo de su tío, el general José Antonio Páez, estudió dibujo y acuarela con el capitán francés Lessabe (1821-1823) en Caracas. Después viajó a Nueva York (1823-1827). Al volver a su patria estudió matemáticas y dibujo topográfico en la Comandancia de Ingenieros de Puerto Cabello, y prestó servicio militar en Bogotá y Cartagena. Pintó algunas miniaturas en acuarela sobre marfil y trabajó con el geógrafo italiano Agustín Codazzi en el Atlas físico y político de la república de Venezuela (1833-1840). En 1840 viajó a París con Codazzi para supervisar la impresión de los mapas en la litografía de Tierry Frères.
Elaboró algunos de los dibujos, así mismo grabados en París, para el Resumen de la historia de Venezuela (1840-1841) de Rafael María Baralt y Ramón Díaz. En 1842 el gobierno venezolano lo nombró en la comisión encargada de repatriar desde Santa Marta los restos mortales de Bolívar. Consignó en una veintena de dibujos la solemnidad que revistió el evento. Varios de ellos fueron litografiados por Torvaldo Aagard para el folleto de Simón Camacho*, Recuerdos de Santa Marta en 1842 (Caracas, 1844) Entre 1843 y 1844 Müller y Stapler litografiaron estos y otros dibujos de Carmelo Fernández para el semanario caraqueño El Promotor.
En 1849 viajó a Colombia. Allí, entre enero de 1850 y fines de 1851 fue el primero, y según la crítica, el más calificado de los tres pintores que participaron en la Comisión Corográfica, un ambicioso proyecto oficial al mando del geógrafo italiano Agustín Codazzi que se prolongó hasta 1859. Fernández pintó alrededor de treinta acuarelas correspondientes a los tipos sociales, viviendas, oficios e indumentarias y paisajes de las provincias al noreste de Bogotá: Vélez, Socorro, Ocaña, Pamplona, Santander y Tunja. Las acuarelas originales están en la Biblioteca Nacional de Colombia.

Abajo: Fotografía de Darius Milhaud por Jean Crommelynck. Originalmente publicada en la revista L'Opéra de Paris, julio 1950, p. 15.

Notas: 
 
(1) “Los más altos intereses de nuestra patria” Discurso pronunciado por el General Charles de Gaulle en Londres, el 22 de junio de 1940. Fundación Charles de Gaulle, 5 rue de Solférino, 75007 Paris. Discursos. (www.charles-de-gaulle/org./fondation)

Fuente:

* Las Pinceladas Iconográficas son  añadidas por Jhon Isaac Requena.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...